Sensei Pablo Leopold: ¿Qué nos trajo?

Clase en la ACJ: Tori, Pablo Leopold. Uke: Santiago Veliz

Como dijéramos tiempo atrás analizando la historia del Judo en Uruguay, la misma es única en sí misma. Pioneros llegados de Alemania, Francia, Japón, España… que trabajaron con pasión con un único fin: Promover el trabajo de Jigoro Kano en estas tierras. ¿Pero comprendemos realmente que nos trajo cada uno, o nos manejamos por prejuicios? Para el historiador es necesario definir cuáles son los datos más importantes, determinar cómo los hechos se relacionan entre sí, y  establecer criterios para la interpretación de los mismos hechos.  No pasa sin más por recabar datos estadísticos o anecdóticos. Un somero análisis nos explica que hubo tres casos específicos, acerca de quienes le dieron a Uruguay facetas muy puntuales de la disciplina: Sensei Víctor Garrido, el Judo deportivo; Sensei Toshiharu Kobayashi, el Judo japonés, sus Katas y programas acorde a la exigencia del Kodokan…; y Sensei Pablo Leopold, el Judo como defensa personal. Este último es el más debatido de los tres… “No sabía Judo. Lo suyo eran técnicas de defensa personal”…; “Fíjate en su vestimenta. No tenía idea siquiera que uniforme utilizar”…; “No dejó grandes aportes”… ¿Realmente era así?; ¿Tenemos claro quién fue el Sensei Pablo Leopold y bajo qué circunstancias vivió?

Mi padre Paul (Pablo) nació en Frankfurt/Main en  1893; falleció en Montevideo en 1988. Era estudiante de medicina al estallar la Primera Guerra Mundial.  Se alistó  en el cuerpo médico del  ejército alemán. Así fue enviado al frente ruso-polaco y luego al francés. Conservo las cartas que les envió a sus padres desde el frente, de 1915 hasta 1918. Terminada la guerra, siguió estudiando, se recibió de médico (1921), se casó en 1922 y se instaló en la parte este («Ostend») de la ciudad, barrio de la clase media pudiente, donde vivían sus padres y hermana, cerca de una plaza amplia, «Friedberger Platz«, nos cuenta a manera de presentación su hijo Werner, quien desde 1964 vive y desarrolla el Judo en Israel.

Al comenzar la Primera Guerra Mundial tuve que defender la patria. Es así que me enviaron al frente. Durante los asaltos a las trincheras enemigas, se daban durísimos encuentros cuerpo a cuerpo. En pleno combate, frente a las armas de fuego o bayonetas debí  adaptar mis conocimientos. Fue toda una autoevaluación de lo aprendido, donde tenía muy claro que un error me costaba  la  vida. El resultado fue un Judo más combativo, directo, y agresivo, el cual buscaba en segundos acabar con el enemigo. Esa experiencia la volqué con los años no solo con mis alumnos, sino incluso cuando daba clases a las diferentes fuerzas militares y policiales”, relataba en sus memorias  Sensei Alfred Rhode, quien junto a Erich Rahn sentó en Alemania las bases  del arte creado por Jigoro Kano desde principios del 1900. Sensei Pablo Leopold, se formó bajo esta nueva interpretación del Judo,  y nada menos que bajo la guía del propio Maestro Rhode.

Adolf Hitler asciende al poder y lleva su filosofía de odio a todo el país. Los judíos son sus primeras víctimas. Frankfurt  era por ese tiempo uno de los centros judíos más grandes de Alemania, superado solo por Berlín. Tras el ascenso nazi al poder el 30 de enero de 1933, la colectividad judía de Frankfurt comenzó a ser sometida a agresiones físicas, y no había distinción de sexo y edad. Todos podían ser golpeados en plena vía pública y nadie los defendía. Para Sensei Leopold, la situación era inaceptable. Decidió a su manera enfrentarlos: Junto a  un grupo de instructores de Judo organizó el programa Escudo, que constaba de dictar clases de la disciplina de manera clandestina a miembros de la colectividad. Su labor, fue el reflejo de toda una época, acorde a lo que años atrás le contara a quien escribe el propio Maestro Henry Plee, padre del Budo Europeo: “Se dio que en muchos países, incluso desde antes que comenzara la guerra, los practicantes de Judo les pusieron el pecho a los tiranos… Mis respetos a todos ellos. Estos judokas  nos entrenaban en su disciplina, además de prepararnos psicológicamente para que no tuviéramos miedo de enfrentar a los alemanes. Con su ayuda, hicimos mucho con poco… nos enseñaron a combatir con nuestro cuerpo, pero también a saber estar alerta, a dejar todo por nuestra libertad… a armar una molotov, arrojarla, y escapar…fueron enormes patriotas…  le cuento según documentación que fui teniendo, ya que es una época que me interesa mucho. Fueron tiempos heroicos, donde con muy poco, los exponentes del Judo hicieron lo que se pudo para defender a los débiles, acorde a la filosofía del precursor…”, completaba emocionado.

¿Equivocado en su vestimenta?,Misma epoca, Los Maestros Erich Rhan en Alemania, y Konde Koma en Brasil, respectivamente

 

 

 

 

 

 

Año 1936. Se venían tiempos cada vez más difíciles. Toda Europa ya olía a pólvora. El Programa Escudo sirvió en su principio, pero una técnica ya no era útil frente a escuadras de soldados con armas de fuego y la mayor tecnología bélica del momento a su servicio. Es así que los alumnos que podían, escapaban. Continúa con su relato Werner Lepold: “Uno de los pacientes de mi padre, que iba a verlo al consultorio, le dijo un día:»Doctor, ¿No le parece conveniente salir de Alemania con su Familia? ¡Ya no es seguro para ustedes, y poco podrán hacer para defenderse!  Piense en su familia… Ya no es tan fácil escapar. ¡Váyanse mientras pueda!”. Mi padre le contestó que estaba de acuerdo, pero el problema era, ¿Adónde?, Pues ya entonces, el 99% de los países en todo el mundo no dejaban inmigrar a judíos. «No se preocupe, Doctor.  ¡Soy Cónsul del Uruguay, y le voy a ayudar!«.  Génova fue el punto de partida, y el Augustus el barco que luego de tres semanas, dejó sanos y salvos a los Leopold un día de Abril de 1936 en el puerto de Montevideo. Como no se le reconocía su título de médico, debió ganarse la vida de otra manera: El Judo le dio las herramientas necesarias. Es así que se convierte en el pionero e introductor del Judo en Uruguay (junto a Máximo Rossi, de Salto. Para relatar en una futura nota), y abre su primeros dojos en la Asociación Cristiana de Jóvenes y la Escuela de Policía. Como país de baja densidad de población, Uruguay, al igual que el resto de los países del Cono Sur de América, logró un crecimiento relativo de su población, gracias a la llegada de una inmigración masiva procedente de diferentes países europeos y también asiáticos. El ingreso de los judíos alemanes tuvo un peso cuantitativo mucho menor, si lo comparamos claro está con el de los inmigrantes económicos italianos o españoles, por ejemplo. La presencia de este colectivo se hizo sentir notablemente en la vida económica, social y cultural  tornándose visible a los ojos de la población uruguaya, a través de una amplia gama de instituciones que fueron creando a su llegada.

El buque de 32.650 toneladas, Augustus, donde llegaron los Leopold. El Augustus trabajaba para las empresas Lloyd Sabaudo y NGI (Imagen: Archivo Maritimo Montevideo )

Pablo Leopold, como profesor de Judo, se encontró con la tarea de abrir caminos. El arte creado por Jigoro Kano era prácticamente desconocido en Uruguay, por lo que abrir puertas en busca de oportunidades, y el hacer entender de qué se trataba lo que buscaba mostrar, fue toda una tarea durísima… “El error que existe cuando se habla acerca suyo es que se compara lo que enseñaba, con el Judo actual”, explican dos de sus alumnos cuando fueron entrevistados, “Eran otras épocas, venia con otra formación… y entendamos que el Judo cambió. Hoy es un deporte de alto rendimiento, y su Judo era de defensa personal. ¡Cómo van a decir que no sabía Judo!”. No fueron incluso pocas las veces, especialmente dentro del alumnado policial, donde fuera desafiado y obligado a mostrar la utilidad de lo que enseñaba. El respeto ganado fue total, lo que dio la posibilidad que sea invitado a dar exhibiciones y clases en diferentes puntos de Montevideo…con el paso del tiempo, el Judo comenzó a hacerse conocido, y los instructores que llegaron después, tuvieron el camino allanado para abrir sus escuelas.   Sensei Werner, continua con su historia: “… formé la Federación Uruguaya de Judo. Con Faggiani y Garrido fuimos a competir a Mar del Plata, en el 1er.Campeonato Sudamericano de Judo, y luego a 2 torneos en Buenos Aires”. Con el paso de los años, Los Leopold padre e hijo tomaron caminos diferentes, Mientras que Sensei Pablo se quedó en Montevideo, su hijo decide radicarse en Israel. Y para no perder la costumbre, ahí también el apellido Leopold es sinónimo de PIONEROS: “En 1964 llegué a  Israel. Me acerqué a los muy pocos judokas que hubo entonces, y formamos la Federación de Judo Israelí. Pudimos adelantar muy bien gracias también a contactos y relaciones con otros países europeos. Yo pude hacer muy buenas relaciones con la Federación Alemana y efectué intercambios juveniles por muchos años, (las amistades siguen hasta el día de hoy, después de más de 40 años), y el Gobierno Alemán me otorgó la Medalla de Honor por este «esfuerzo». Hoy hay unos 20.000 Judokas registrados: ¡Mi pasaporte de Judo tiene el N° 13! Hoy día soy uno de los tres Judokas que tiene el 8° Dan en Israel. Mis dos hijos tienen el 7° Dan, son Jueces Internacionales Continentales, uno de mis nietos tiene el 4° Dan, quien también es Juez Internacional,  y una nieta, 1er.Dan, que fué Campeona Nacional el año pasado y este año es vice. Mi hijo Danny fue el entrenador de Yael Arad, medalla de plata de la olimpíada de Atlanta. ¡Nada menos que la primera medalla olímpica de Israel!”.

Mientras tanto, el Maestro Pablo Leopold con el paso de los años pasó a tener un perfil más bajo, dejando que sus alumnos tomen las riendas de la disciplina. Dejó  como legado el camino abierto para las siguientes generaciones de instructores. Con un Judo conocido y respetado por el público en general, quedó la imagen de un arte fuertemente combativo para las fuerzas armadas, y los pasos iniciales de la Federación nacional…, a 83 años de su llegada a Uruguay, justamente un día de Abril de 1936, era necesario un repaso y balance de su trabajo en pos del Judo celeste…Hoy el Judo es otro, mas deportivo, incluso más desarrollado a nivel técnico e institucional…, pero no podíamos dejar pasar en esta fecha para recordarlo y brindarle un pequeño, pero merecido homenaje a la persona, docente, y dirigente, que fue el Sensei Pablo Leopold.