Entrevista postuma: Maestro German Bermudez Arancibi

Decada del sesenta. Ingresa al cuadrilatero en Titanes en el Ring. Comenzaba la admiracion de los argentinos por ” Mister Chile “.

Nacido el 4 de Mayo de 1933, cuando la nota esté en línea, seguro estará festejando sus jóvenes ochenta años rodeado de sus seres queridos. Sabíamos de la fecha, y nos pareció el mejor homenaje entrevistarlo. Así fue que nos acercamos a su actual domicilio. El legendario kwon de la Calle Cerrito, meca de numerosos artistas marciales, hoy es historia. En la actualidad, sus alumnos se acercan al Barrio de Once. Llegamos y nos abre la puerta Alicia, su compañera de toda la vida. Pasamos y vemos las paredes decoradas con numerosos cuadros. Hay historia. Desde el Maestro Bermudez Arancibia en plena clase, a su propio hijo Juan Pablo siendo corregido por el Gran Maestro Yu Chin Chan. En esos mismos muros comparten lugar figuras legendarias como Robert Trias, Fumio Demura, Bill Wallace… con ellos el Maestro German Bermúdez Arancibia, líder de la escuela Wai Kung Pai, y dueño de una de las historias más prolíficas de nuestras artes marciales.

Nació en Chile, en un pueblo llamado Quillota. Fundado el 11 de noviembre de 1717, por el gobernador interino de Chile José de Santiago Concha y Salvatierra. Ciudad en crecimiento, anteriormente agrícola, hoy su valle es conocido a nivel mundial por sus exportaciones de chirimoyas y paltas. También se destaca la presencia de centrales termoeléctricas.

Ahí mismo, se inició su carrera marcial y deportiva…

Paso a la recepción de su actual Kwon, sale a mi encuentro y me abrazó. “Gracias por venir”, es lo primero que me dice…

Comencé mi actividad física a los nueve años de edad. Quillota es ahora una gran ciudad, pero ochenta años atrás, era un pueblo de agricultores. Ahí conocí a los Maestros Sone y Kanamori. En ese tiempo, Judo era Judo. Un arte de combate, no un deporte de fuerza como lo es hoy.”

Me toma  de un brazo y la solapa, y muestra sin levantarse de su silla unas técnicas propias de Judo y las compara a la ejecución actual…

El Maestro Sone era un purista de la técnica. No había categorías de peso, tampoco. Me destaqué en Judo y levantamiento de pesas…”

Es de hablar pausado… se toma su tiempo para responder. Será parte de la entrevista que se emocione cuando recuerda a tantos seres queridos… Sus Maestros… sus padres…Nos acompañan su esposa Alicia y su hijo, el Maestro Juan Pablo Bermúdez, quien colabora con acotaciones las respuestas de su padre…

Junto al Maestro Yu Chi Chan

C-M: ¿Su familia lo incentivaba a practicar deportes?

GBA: No eran deportistas, fui la excepción. Ocurre que yo levantaba piedras para sentirme fuerte. Mi papá se ponía nervioso y me decía que me iba a lastimar. Entonces me compró una lata de dulce de membrillo, esas de forma redondas, y me hizo una pesa de cemento. Llegué a levantar 120 kilos. Un día  leo en el diario: “Campeonato chileno de levantamiento de pesas”. Le digo a mi mamá: “Quiero ir “, lo cual me responde: “¡¡¡Que vas a ir, se reirán de ti!!!”Trece años de edad, tenía. Mi papá me apoyó para que siga entrenando, y participé del torneo. ¡Yo no tenía técnica, levantaba a la bruta, a la ch ilena! (risas) Llega el día… Como no sabía cuánto levantaba, fui a una carbonería para poder descubrirlo. ¡Qué gran sorpresa fue para mí, cuando vi que con quince años levantaba ochenta kilos! Llego a Valparaíso, y venzo en el primer campeonato chileno de pesas. Imagínate que siendo además de un pueblo pequeño, cuando regresé todos me aplaudían. ¡Me recibieron como a un héroe! Entonces, al ver mi talento, me da una beca la YMCA para levantamiento de pesas. Como en esa época tenían la misma federación levantamiento de pesas y lucha, también me volqué a la práctica de esta última disciplina.

Desde pequeño me destaqué en el levantamiento de pesas. Me preguntaban cómo lograba levantar tanto peso. Churrasco y ensalada siempre respondía. Nunca fumé, nunca tomé. Siempre tranquilo con mi familia.”-Continua- “En la YMCA comienzo a entrenar fuerza con el Maestro Mario Constantino, campeón mundial de Lucha libre y de levantamiento de pesas. En esa época era a dos manos y a un brazo. No existía la mancuerna, sino que la pesa era una bola. Como los kettebells de ahora. Como me vió con tanto entusiasmo, me adoptó como si fuera un hijo. Yo me lo llevaba a mi casa los viernes, sábado y domingo. La sala donde mi mamá atendía a sus clientes, (era modista de alta costura, mi padre era empleado particular), se transformaba en gimnasio de entrenamiento. A partir del viernes a las 6 de la tarde, veíamos técnica y técnica. Y sus variantes. Me exigía mucho en lo técnico, era un purista.”

Dios me bendijo. Todos los Maestros que tuve, eran los mejores del mundo de la época”.

Su relacion con el Maestro Robert Trias trajo una nueva revolucion al ambiente marcial nacional

De sentimientos muy profundos, se emociona al recordar a todos quienes fueron parte de su vida, su formación. Se toma un tiempo en silencio y continua: “El Maestro Constantino fue quien me presentó a Sensei Sone. Este último, fue uno de los tantos japoneses radicados en Chile ayudados por nuestro gobierno finalizada la Segunda Guerra Mundial. Junto a su familia, se pusieron una floristería. Todos se dedicaban a lo mismo. Hoy atienden sus hijos. De su mano, me inicié en el Judo. Un día estoy en una pileta, y me pongo a hacer gimnasia de cuerpo libre. Un señor se me acerca y me ofrece trabajar en la lucha profesional en el teatro CAUPOLICAN. Al otro fui con mi mamá, y ella misma me alentó a ir. Voy a Santiago, era mi primera vez allí, llegué como los “guazitos “, con mi maleta llena de ilusiones. Arribo al teatro para probarme. Pero como era luchador, y campeón de pesas, creía que todo sería igual. Me querían probar, y con fuerza. Y salí indemne frente a todos los pesados de la época. Había representantes de numerosos países. Al final me felicitan. Me dicen: “Ahora vas a tener que aprender a luchar de nuevo “. ¡Me quedé sorprendido! Me está cargando, pensaba. ¡Pero si vencí a todos los que me puso adelante! Ocurre que luchaban para espectáculo, en cambio yo lo hacía de verdad. Asique aprendí a hacer piquetes de ojos, patadas voladoras y demás técnicas del catch…”

No era (ni es) cualquier lugar el Teatro Caupolican. Para darnos una idea de su importancia histórica, es como nuestro Luna Park. Ubicado en la calle San Diego 850, Santiago de Chile. La lista de prestigiosos artistas que pasaron por allí en esas épocas es interminable. Louis Armstrong, Duke Ellington, Bill Haley y sus Cometas, Jorge Negrete, Lola Flores, y la Filarmónica de Nueva York, por dar unos ejemplos. Y con ellos, German Bermúdez Arancibia que hacia sus primeras armas en el catch.

El Maestro German Bermudez Arancibia en la actualidad. Con mas fuerza que nunca

C-M: En esa época al nuevo obligatoriamente lo ablandaban…

GBA: Exacto. Me quisieron ablandar y les salió el tiro por la culata. De ahí que por revistas que conozco al Maestro Kurt Michel. Un alemán traído por la escuela militar y de investigaciones para que los entrene en Judo. Voy a verlo a su gimnasio. Yo ya era conocido por mis logros deportivos. Me ofreció que me quede como ayudante en su gimnasio,  y me presentaba para publicitarse como discípulo suyo. A mi mamá no le contaba nada, porque quería otra vida para mí. Pretendía que yo sea contador y músico. (Toco piano y flauta). Comencé a trabajar en el Caupolican. Mi cuerpo tiene marcas de esa época. (Me muestra sus piernas. Todas con rastros de heridas de antaño) Cierto día, sin publico me hicieron jurar que no debía revelar los secretos de la lucha.

Kurt Michel era estricto hasta decir basta. Solía parar en su casa. Por llegar minutos tarde, me retaba mucho. A las 7 de la mañana, me hacía levantarme. Entraba abruptamente y me decía: ¡German arriba! Comenzábamos con música. Como buen alemán, tocaba el acordeón, yo el piano. Siempre me alimentaba con pechuga de pavo. Según el, te daba buenos músculos en el pecho.”

La linea que marca la sucecion y linaje de la escuela Wai Kung Pai hasta nuestros dias

C-M: ¿Cómo fue que se radicó en Perú?

GBA: Trabajé un tiempo con Kurt Michel y con él aprendí el Jiu Jitsu. Cuando termina la temporada de Lucha en Chile, comienza la de Perú. Un empresario me lleva con un contrato. Allí luché como  el Tarzan Chileno… iba con el pelo largo y una mallita chiquita como taparrabos. Salía del vestuario caminando con las manos, y bajaba al cuadrilátero con una liana. Previo a bajar, desde  el techo sostenido con la liana, saludaba al público. Éxito rotundo. Ahí fue mi primer encuentro con una familia china. El Sifu Lee Chin Tai. Te cuento que eran muy cerrados. Los conocí por medio de la Filosofía budista. Me entusiasmé tanto que me quedé a vivir en Perú para poder aprender con ellos.

Tanto en Perú como en Chile fundé un gimnasio. Se llamaba ATENAS. Se daba al revés que aquí. En Argentina había clubes y no gimnasios. En Chile, todo lo contrario. Fue así que el mío fue el primero en Argentina.”

C-M: ¿Qué escuela era?

GBA: Era una escuela familiar. En esa época, las escuelas eran de familia. El Maestro Gian Lan Gen, quien dictó mucho tiempo clases aquí, nos lo contaba. Señalaba a cada parte de su cuerpo y decía: Esto lo hizo papá (señalaba una marca en una pierna), esta la hizo mamá (otra marca) ( risas )… Shaolin Chuen se llamaba el estilo, El puño del Templo… por diferentes circunstancias y nuevo contrato que me hacen en Santiago, vuelvo al teatro Caupolican. Un empresario muy importante en la época, Venturino, me hace volver. A partir de ahí, me llama Martin Karadagian. Para entusiasmarme, me dice que aquí estaba Tobías. Muy amigo mío Tobías. En Chile fue luchador, aquí árbitro. Por eso me animé a venir a Argentina.

En esa época, era tan hermético el ambiente del catch, que ni cuando se enfermaban se quitaban la máscara. Para darte una idea, compartía habitación de un hotel con el Diablo Rojo. Se enfermó, y jamás ni el medico ni yo pudimos conocer su rostro. Ni tus compañeros sabían tu identidad.”

C-M: ¿Cómo era Karadagian?

GBA: A mí me decía German, yo a él Don Martin. Los otros le decían Chivo, por la barba. Si te portabas bien, él se portaba bien. Sabia dos tomas, una de pie para poder tirarte y otra para poder estrangularte. Como era petizo, con su pancita era muy difícil agarrarlo. Le gustaba ablandar a los nuevos. Conmigo, no pudo. Llegué en pleno Febrero. Tuve mucha popularidad, no podía salir, ni caminar por ningún lado. Pregunté si había gimnasios, quería dedicarme a lo mío.  Al principio Karadagian no me lo permitía. Yo era exclusivo suyo. Tanto le insistí, que aceptó. Total no irá gente, le dije… ¡La única pillería que hice en mi vida! ( risas ). Me autorizó por dos meses… inauguramos el gimnasio. Fue un éxito. Todos los artistas de la época, como Julio Sosa, Piluso y Coquito, Roberto Yanez, entre muchos otros participaron de la inauguración. Se venció mi visa laboral y decidí quedarme. Comencé con dos actividades. Complemento de pesas y jiu jitsu como defensa personal. También los titanes participaron de la inauguración. ¡Nos llenamos de gente! Karadagian me dijo: “Pillo. Me dijiste que iría poca gente al gimnasio”. Por el Gimnasio de Cerrito pasaron miles de alumnos… algunas veces me tenía que subir arriba de un escritorio para poder dar la clase. Tanta era la cantidad de gente que venía a tomar clases conmigo.

Fui el primero en enseñar Kung Fu en Argentina y Chile

Sus recuerdos…

C-M: ¿Cómo se dió que comenzó a enseñar Kung Fu?

GBA: El Kung Fu es una forma de vida. Es el conocimiento interior, ver quiénes somos dentro de nosotros. Algunos lo hacen como terapia, otros como deporte. Muchos como filosofía de vida. Esto último es lo que más me atrajo. Mi interés en enseñar Kung Fu es formar campeones de la vida, que seamos útiles a nuestra sociedad. Que venzamos al mal carácter, el egoísmo, el enojo… somos pocos los Maestros que transitamos el camino. Lo digo porque el mensaje siempre debe ir desde el corazón.

Nunca un gimnasio duró tanto. Estuvimos 46 años. Cinco años en Corrientes y Libertad, cuarenta y uno en Cerrito…”

C-M: ¿Cuándo conoce al Maestro Yu Chi Chan?

GBA: Tuvimos una relación Maestro – Discípulo muy fuerte. El Gran Maestro tenía hijos, pero a ninguno le gustaba las artes marciales. Todo Maestro necesita brindar lo que aprendió, de dar sus experiencias y conocimientos. Las artes marciales siempre fueron filiales. De padre a hijo. Así se dio entre ambos. Conmigo encontró el hijo-discípulo que necesitaba. Vivió en mi casa durante años. Eso mismo lo vivo con muchos de mis alumnos avanzados. Es de mucha felicidad recordar como lo conocí. Soy muy religioso. Canto mis Mantras, y mis Sutras. Voy a misa, me confieso, comulgo. Y al ser religioso me gusta conocer las iglesias. Todas tienen sus secretos en su arquitectura. Es lindo saber que cada torre, cada puerta, cada ventana no está hecha al azar. Que los vitraux, tienen su vibración de color. Los colores dan energía que te llevan a la espiritualidad. Un día, un discípulo mío me habla de una iglesia muy antigua de La Boca. Voy a conocerla. Veo a un señor oriental. Me pareció extraño, algo me atraía. Una voz interior me decía que ese señor no era cualquier persona (se emociona). Al otro día volví, y ese señor continuaba ahí. Toda una semana me la pasé estudiándolo. Fue una sorpresa para mí que cuando todos salían, él se quedaba con el cura. Me acerque a él. No hablaba mucho castellano. Hablaba algo de español y de inglés. Con ambas lenguas nos entendíamos. Le comento al Maestro Chan, que me parecía sorpresivo que un oriental esté en una iglesia católica. Me responde que si estuviera en China, estaría en una pagoda. Me golpea y me dice: “El único templo eres tú “. Y la única deidad es lo que tienes adentro. Fue su primera lección a mí. Me quedé pensando que tiene razón. Cuando estuvimos en China muchos años después, cuando entrabamos al templo, nos trataban como si nos conocieran de toda la vida. Le comento que enseñaba Kung Fu para ayudar a la gente para que siguiera un camino de vida. Me dijo que lo sabía. Me sorprendí, por lo que lo  invité a visitarme. Lo que más quería preguntarle es si sabía Kung Fu. Un día, junto a otro señor chino que hablaba castellano, pudimos conversar. Me dijo que yo estaba en el camino, que la verdadera forma de enseñar era por el Tao. Que es lo necesario para el gran combate que es la vida. Me aceptó visitarme. Una tarde, Alicia, mi señora, me avisa que llegó. Lo hago pasar, hacemos una formación, saludamos, y comenzamos. Un día, debido a una fea experiencia que presencié, lo invito a vivir en mi casa. A partir de ahí, fuimos inseparables. Era un miembro más de la familia. Para mí, era un padre espiritual. Todo se fue haciendo a la usanza china. El Maestro en casa, con la misma filosofía, comiendo con los palitos. Y en lo físico el Wai Kung Pai, el estilo de Kung Fu más fuerte que conozco. Lo tiene todo a nivel combate. Y una filosofía de vida muy profunda.

A fines de la década del setenta, el Maestro Bermúdez Arancibia, disconforme por cómo estaban las cosas, da un golpe de timón como dirigente y jefe de escuela. Viaja a Estados Unidos a entrevistarse con el Gran Maestro Robert Trias, padre del Karate americano y fundador en el año 1948 de la United States Karate Association. Bajo el paraguas de USKA, se creó el primer torneo de artes marciales de Estados Unidos y dió las bases para los futuros mundiales de artes marciales. Sus eventos juntaban a lo mejor de la época… Chuck Norris, Ed Parker y Bruce Lee para nombrar a unos pocos. La unión entre los Maestros Trias y Bermudez Arancibia, provocó un salto de calidad de las artes marciales en Argentina.

C-M: En el año 1979 trae USKA a Argentina… Fueron además muy amigos con el Maestro Robert Trias.

GBA: Los americanos son muy duros. Yo lo saludaba con un beso en la frente. Un día me dijo que impondría el beso en la frente como costumbre en la organización. Y también abrazarse, para que los corazones estén más cercanos. Todo aquel que sigue las enseñanzas del Tao es buena persona. Y el Maestro Robert Trias, lo era. Puedo contar como era como persona porque estuve junto a él. Nos admirábamos mutuamente. Fue veterano de la Segunda Guerra Mundial, donde conoció a su Maestro T´ Ung Gee Hsing. Había sido condiscípulo de mi Maestro Yu Chi Chan. Hablaba perfectamente castellano, al igual que su alumno Dirc Mosig… en el año 1979 trajimos a la United States Karate Association… fundamos la categoría formas, que no existían aquí todavía. Además de hacer un éxito de los torneos abiertos. En esa época, la categoría open era muy pequeña. Se hacía con grupos reducidos de gente. Nuestros eventos, en cambio,  duraban tres días. ¡Una locura!

Queda tiempo para una lección más… el Maestro deja lugar al entrenador, el creador de campeones…

Primero cuando se entra en una competencia de alto rendimiento, el alumno debe mostrar condiciones físicas. Si se nace con los músculos cortos, jamás tendrán elasticidad. Haga lo que haga. Mis más de cincuenta años de experiencia me lo prueban. Cuando un alumno tiene condiciones físicas es porque sus músculos son más largos que otros. Ahí le enseño por medio de la meditación a elongar. Para elastizar los músculos de las piernas, primero comienzo por los de los glúteos. Ahí está el primer error que veo en muchos practicantes. Olvidan este detalle. Con mi edad, todavía abro totalmente de piernas. Ahí una vez que veo el terreno, es decir lo que me muestra el alumno, pongo mi semilla, es decir estrategia y técnicas. Otro error es salir a correr. Endurece las pantorrillas, cuádriceps y acorta bíceps de la pierna. Da resistencia, sí. Pero quita todo lo demás. Te resta piernas. Sintetizo. ¿En lo físico que debo trabajar? Resistencia, coordinación, elasticidad, y fuerza. Todos como un motor de cuatro tiempos. Ahí está el secreto de la preparación física para una competencia de alto rendimiento. Un combate de artes marciales de USKA para cinturón negro, dura un round de tres minutos. Evitar el exceso del ejercicio con pesas. Nuestro entrenamiento es como el de ballet, sensible. Sin excesos.”

C-M: ¿Cómo le gustaría que se lo recuerde?

GBA: (Lo piensa) Es difícil contestarte. Como lo que fui… así sin más… Gracias a todos los discípulos que tuve y tengo.

¿Por qué el apodo de MISTER CHILE?

Se organizó en 1961 un campeonato de carácter nacional con los mejores atletas chilenos.  No me había inscripto, sino que fui a mirar. El organizador me alentó a participar. “Tranquilo que hablo con Venturino “, me dijo. Me quedé.  Se buscaba al atleta más completo. Se utilizaba un reglamento que hoy ya quedo de lado. Había que hacer repeticiones de press de banco  y pierna con 60 kilos.  Cada cinco repeticiones, se ganaba un punto. Del mismo modo curl de Biceps con una mancuerna de 30 kilos. También teníamos dos pruebas libres donde obtenías 10 puntos. Presenté una rutina de cuerpo libre. Vencí. Así fue que gane mi apodo el cual me identifica hasta hoy.

(x)Entrevista realizada por Javier Orue en el año 2013, la ultima nota que concediera el Maestro German Bermudez Arancibia. Exactamente un año después, fallecía.