Coaching Deportivo – ZEN: EL OPONENTE NO EXISTE

20150730150908-melo-minds-zenEl oponente personifica el mayor miedo de cualquier deportista, la posibilidad de perder. Nos aterroriza la idea de no conseguir un podio, de no ganar una competencia, de irnos a casa en la primera ronda, de haber entrenado en vano. El oponente es la persona que se me opone, a quien tengo que enfrentar y superar para avanzar en mi camino. Es el único que me puede quitar de las manos lo que más deseo.

Vivimos en un mundo de sombras y de ilusiones. En el siglo pasado se introdujo el concepto de “proyección” en la psicología, el cual se trata de transponer en el exterior lo que guardo en mi interior (miedos, fobias, pensamientos negativos o positivos, la alegría, etc.). Un ejemplo cotidiano de esto es que “el enamorado ve la vida color de rosa”, proyecta su estado de alegría y felicidad en el resto de las cosas que lo rodean. La otra cara de la moneda, cuando tenemos miedo a que nos roben en la calle posiblemente veamos con desconfianza a cada persona que transita cerca nuestro y prestemos más atención a cada esquina que cruzamos. En definitiva, lo que llevamos dentro es lo que vemos afuera. Entonces, la pregunta sería: ¿Qué es lo que llevo dentro que veo en mi oponente? La inseguridad. La inseguridad que deriva de la falta de control de los acontecimientos. El oponente, en sí, no es a quien tememos sino que tenemos miedo de aquello que él pueda hacer que nosotros no podamos controlar, que sea impredecible, y nos lleve a perder.

El miedo al oponente no es otra cosa que la falta de confianza en mi capacidad por superarlo. Esa es la verdadera proyección. Proyecto en él mis miedos, mis inseguridades, mis puntos débiles (“¿y si hace determinado movimiento para el cual no me preparé?”), esos que llevo guardados en mi interior y que pocas veces veo a la cara, esos mismos “demonios” como los llamaba Bruce Lee son los que, tarde o temprano, tendré que ver personificados en mi oponente. Esto explica por qué frente a un mismo rival haya diversidad de sensaciones, emociones y pensamientos, dependiendo de quién lo esté enfrentando.

Muchas veces ocurre que conocemos al oponente por su fama o sus títulos y, automáticamente, nos lamentamos de que nos toque a nosotros, podemos sentir en el estómago la angustia frente a la posibilidad de perder (que ya la consideramos desde ese momento) y los nervios por enfrentarlo. Hasta soñamos que perdemos ante él y nos levantamos sobresaltados con una mezcla de angustia y miedo.

En otras palabras, la imagen que nos formamos del otro es la que nos acerca o nos aleja de la victoria.

El oponente no es más que un espejo que devuelve lo peor de nuestro interior, los miedos, las inseguridades, etc., es un resultado de nuestra percepción.

15390646_10154716201114654_1827559639652568545_nSegún la filosofía del zen, no hay nada como el afuera. Que exista un exterior implica, y define por oposición, a un interior, como se desarrolló al principio lo “externo” es sólo una proyección de lo que guardo “internamente”. Ambos se influyen mutuamente en una relación dialéctica, es así que el límite que los separa desaparece. Lo que podemos ver allí (afuera) es solamente un reflejo de todo lo que llevamos dentro, no hay yo, no hay él, solo hay un camino que debe ser recorrido y si el resultado que buscamos no aparece se debe al hecho de que no era el momento para que se materialice en mi vida y no al oponente.

La ilusión consiste en creer que hay una persona capaz de separarme, de manera definitiva, de ese objetivo en base a sus cualidades personales. Justamente, esa persona aparece en mi camino para ayudarme a alcanzar mi objetivo, me enfrenta con mis miedos y mis debilidades para ayudarme a crecer y superarme; en otras palabras, para estar más cerca de mi meta.

Para cerrar me gustaría tomar un vieja y famosa idea del zen (“cuando el alumno esté preparado, aparecerá el maestro”) y hacer un pequeño análisis de lo que, a mi entender, significa.

Vayamos por partes: la primer parte dice, “cuando el alumno esté preparado”, esto hace referencia a una persona que alcanza determinado punto en su desarrollo personal y está lista para aprender la próxima lección que le permita seguir creciendo; la segunda, “aparecerá el maestro”, aquí hace alusión a la persona que me enseña, que me da la posibilidad de aprender para seguir avanzando en mi camino. La frase entera se plantea como un condicional, el progreso y la evolución del alumno es la condición previa para que aparezca la persona que lo llevará a dar el próximo paso.

Llegado este punto me gustaría modificarla para que siga la línea argumental del presente texto y ustedes puedan reflexionar al respecto. Es un concepto que se relaciona con lo que aquí se expone y al mismo tiempo le da otro enfoque. Esta frase abre la puerta a un      mundo que desconocemos, más esotérico, más profundo, más mental.

“cuando el guerrero esté preparado, aparecerá el contrincante”

(*) Autor: Martin Chain. Atleta internacional. Miembro Asociación Universal