Sensei Juan Carlos Landaburu: “Sufrir el entrenamiento y disfrutar la competencia”

codigo-marcial-1Si hubiera sido futbolista, seria Maradona… automovilista, Fangio… Tenista, Vilas… pero es karateka y se llama Juan Carlos Landaburu. De esa manera, parafraseando una presentación que Miguel Hladilo en una nota le realizara allá por los ochenta para YUDO KARATE, sabemos que no hay mejor manera de presentarlo. ¿Quién puede negar que “Landa” no pueda estar a la altura de las figuras nombradas? Desde sus inicios en los equipos representativos del club Atlanta, históricos por sí mismos, hasta defender los colores celeste y blanco, fue la carta ganadora del seleccionado argentino  siendo imbatible entre los años 78 al 85, dejando una huella imborrable en el Karate nacional. La entrevista se dividió en dos partes. Primero en su dojo, luego en un restaurant. En nuestro segundo encuentro, al llegar se disculpa. Tuvo un día difícil. Venia cansado.  Nunca pierde el buen humor… el buen trato…el mismo  buen trato que notamos cuando da clases en el Dojo.

Es correcto que haya disciplina y respeto. Pero no es necesario marcar distancia. Si sos así, es que no entendiste nada.  La distancia no es lo que te hace ganar el respeto del alumno, sino tu educación. Mirá, viajé mucho. Te puedo dar como ejemplo que en Japón, los grandes maestros  no son de marcar distancia. Son muy sencillos. Amigables. Comen en tu misma mesa. Hablan con todos… si quieren fumar, lo hacen. Incluso mi propio Maestro, José García Mañon se maneja igual. El respeto se gana, no se exige. Desde hace años con el maestro, todos sus alumnos nos juntamos a cenar. Es una hermandad, donde se estrechan lazos. No se marcan diferencias. Lo venimos haciendo desde hace décadas. Cuando era más joven…, dentro de la clase era duro. (Sonríe). Por ejemplo, había ese día cuatro alumnos, y les exigía que combatan conmigo. Que combatan… (Lo remarca). Ya con los años, la experiencia, te marca que las cosas pasan por otro lado…”

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Siempre mira de frente, y para expresarse utiliza muchos las manos. Incluso por momentos, hasta llegó a pararse e imitar algún movimiento de cómo resolvió un combate cuando competía. Con la misma intensidad con que muestra una técnica, “vivió” la entrevista.  Por momentos, más que hablar de sí mismo, prefirió hacerlo de sus compañeros, de su maestro, de la historia misma del Karate Shotokan nacional. Como cuando se habla del perfil del verdadero líder, opta primero por el “nosotros”, antes que del “yo”.

C-M: Otra cosa que me llamó la atención. Sus clases como que están divididas en bloques técnicos… un tiempo determinado para cada técnica.

JCL: Bueno, en breve habrá examen, por lo que haré mucho hincapié en base. En Katas.  Por supuesto, me gusta mucho lo deportivo y trabajo en eso, también. Buscando velocidad, foco. Pero no me olvido de lo tradicional, que es la base.

C-M:… ¿Por qué Karate, Maestro?

JCL: Fue en el setenta y uno, setenta y dos… me anotó mi papá. El sabía que me gustaban las artes marciales. ¡A él también! yo era chico, adolescente. Fue en el Club Atlanta. Como hinchas de Estudiantes de La Plata, lo seguíamos a todos lados… pero justo ese domingo no fui, y se promocionaban clases de Judo y Karate. Me anotó en los dos. En esa época era todo Judo, Karate… ¡No había otra cosa! Muy diferente a lo que pasa ahora. Mi papá fue muy deportista, también. Era timonel. Empecé Judo, y Karate. Hice las dos en paralelo. ¡Es muy gracioso como terminé solo haciendo Karate! Tenía un compañero de Judo que me decía constantemente que para que practicaba Karate, que no servía… hasta que un día me dijo: “Hagamos combate. Vos con Karate y yo con Judo”. Acepté. Le di un mae-Geri al estomago que lo hizo arrodillarse. “Sirve, eh?” me dijo (risas). Siempre mi maestro fue José García Mañon. En ese tiempo, tenía unos veinte años de edad. El era además, el primer alumno de Sensei Itaya.

“…me encanta el Kata, pero competí poco… no era mi fuerte, pese a que salí campeón varias veces…”

C-M: ¿Llegó a conocer a Sensei Itaya?

JCL: Si. No entrenaba con él, por supuesto. Era muy duro en la clase. Incluso con los exámenes. Eran épocas donde se entrenaba hasta los domingos. Sensei Itaya decía domingo por la mañana, y todos iban. Sensei García Mañon era igual.  Sensei Itaya fue el impulsor de los primeros torneos locales de Karate. Y te formaba para que des lo mejor de vos. Era alumno de una generación muy importante de Karatekas, como Nishiyama, Shirai… no te olvides que la J.K.A., entidad que formó Nakayama, fue la que inicio las competencias de Karate. Vieron que la manera de que llegue a todo el mundo fue desde el aspecto competitivo. Por supuesto, sin olvidar la base. Lo bueno que tiene Karate con respecto a otras artes marciales que hacen competencia, que a pesar del empuje a lo deportivo, lo tradicional de dojo lo mantenemos tal cual como era desde un principio. Si bien la parte deportiva es importante, no es el todo. Tengo alumnos que no van a competir nunca, ni nunca lo hicieron. Y siguen haciendo Karate. Es solamente una faceta. El Karate de dojo lo seguimos haciendo para siempre. Me acuerdo que un domingo iba al club Atlanta a entrenar, y veo un cartel. El club cerrado por duelo. Avisaban que Sensei Itaya había fallecido unos días antes. Yo era chico… ni sabia donde lo velaban, no sabía qué hacer. Me conmovió muchísimo su muerte… (nota: mientras lo cuenta, se notan en su cara, todavía lo conmueve). Volví a casa, y me puse a practicar.

C-M: Ya en esa época comenzó a decantarse por el Karate deportivo…

JCL: Si, en esa época… a ver… como te decía, el Karate deportivo fue de la mano de la llegada del Sensei Itaya, junto con el Sensei Hamamoto que era el más deportivo de los Sensei que estaban acá. Era de Itosu kai. Eran muy amigos. Ellos iniciaron los primeros torneos, por el sesenta y seis. Torneos internos… en el sesenta y ocho, se hizo el primer nacional, que fue campeón José García Mañon. Y de a poco comenzaron a implementarse los torneos… Sensei García Mañon decía: “Domingo hay torneo”, y todos decíamos: “Oss”, y tenias que ir (risas). A lo mejor a algún alumno muy mayor le permitía faltar, el resto debía ir. Es la manera en que se manejaba todo en ese tiempo. No había excusa. Igual, para nosotros era muy importante la competencia.

“…comencé a enseñar en el año 78. Primero en Atlanta con los chicos. Siempre me gustó formar gente, tallarlos desde chiquitos…”

codigo-marcial-5C-M: ¿Qué se jugaban en ese momento?

JCL: Era parte del entrenamiento ponerse a prueba con uno mismo. Ver si lo que se aprendía en el dojo, se podía plasmar en una competencia.

C-M: De ahí a su carrera internacional fue un solo paso…

JCL: (Se pone a pensar unos segundos para hacer memoria) …a ver… las selecciones nacionales se comenzaron a formar cuando vivía el Maestro Itaya, las organizaba el… prácticamente el noventa por ciento eran alumnos de él. Cuando fallece, la dirección técnica la tomó Sensei Inoue, y de ahí se hicieron dos grupos. El de Sensei  Inoue y el de Sensei  García Mañon. Y las primeras selecciones nacionales mixtas, digamos, eran formadas en parte por ambos grupos. Entonces el primero que intervino en un seleccionado del grupo de Sensei García Mañon, fue Sergio Ulloa. Estuvo desde el 74, yo ahí tenía 16 años. No podía estar en una selección nacional por que no tenía ni la edad, ni la experiencia… en esa época no había campeones jóvenes. Sino que eran de experiencia… eso es lo que yo marqué… un hito, si se puede decir de esa forma… fui convocado a la selección nacional en el 76, a los 18 años. Era el más chiquito de todos, para un torneo rioplatense que se realizó en Montevideo. En ese momento, ese torneo era muy tradicional por que Sensei Itaya cuando vino, trajo el Karate Shotokan para ambos países. Formó ambas escuelas, viajaba constantemente. Entonces se había armado una buena competencia donde se veía cual de las dos orillas era la más fuerte (sonríe). Eran bastante duros esos torneos. Y contra ellos fue mi primera experiencia. En el año 1977 llego a ser sub-campeón nacional con 19 años en una pelea frente a Oscar Rorra, un uruguayo radicado acá, que era alumno de Sensei Inoue. Llego a la final con él, y era muy difícil para mí en ese momento no solo ganar, sino llegar a esa instancia. Sensei Inoue era muy particular con sus alumnos… y la dirigía él, la final… la cuestión es que en el año 1978 se hace un pre-selectivo para el Panamericano de Canadá y quedo como suplente. Primer suplente. Resulta que Franco Gergo no pudo viajar… iba a viajar Shinji Nakamura y no pudo… entonces, los que íbamos a viajar como suplentes, lo hicimos como titulares. Y sorpresa de todo: ¡Gano el campeonato! (risas) iba de tapado, y gané el campeonato con veinte años…por eso te decía, que no solo fui el primer campeón de acá de Argentina, sino que para esa época a esa edad era muy raro… Ahora hay campeones mundiales con veintidós años…

 

C-M: Siempre se habla de lo importante que es la experiencia acumulada para aspirar a un titulo. Usted fue solo con las ganas de ganar. Hambre de gloria, que le dicen…

JCL: Fue muy particular lo del Panamericano de Canadá… Por que llegué a la final, y no sabía que la estaba peleando. Me llamaban a pelear, peleaba, me sentaba. Me volvían a llamar y así… (Reflexiona la respuesta)…es como aquel que no sabe que se anima a volar, por que no sabe que no se puede… a mi me pasó lo mismo. Yo competí, y me animé a ganar por qué no sabía que no podía… fui a divertirme. Sufría mucho los entrenamientos, y disfrutaba las competencias. Daba todo en cada entrenamiento, para vencer en toda competencia. Yo les digo a los atletas: los entrenamientos son el campeonato… el campeonato es ir a buscar la medalla… retirarla… ese es el concepto que hay que tener. Los entrenamientos eran muy duros. Más que físicos, eran psíquicos.  Cosas de tirar mil Gyaku-Tsuki por cada brazo. Vos te preguntabas: ¿Para qué sirve esto?, ¿Te da más velocidad? No. Te lima la cabeza. Eso es lo que se buscaba. Nos entrenaba Sensei García Mañon. No eran entrenamientos planificados como ahora. Un entrenamiento de selección era por ejemplo; un domingo a las ocho de la mañana. Explicación, ninguna. ¿Un domingo a las ocho de la mañana? Íbamos. Y eso era pulir el espíritu.

 

El equipo nacional que ganó el Panamericano de ’80 y salió quinto en el mundial de Bremen (Alemania) formaba así: José García Maañon, Sergio Ulloa, Juan Carlos Landaburu, Ramón González, Ricardo López Correa, Marcelo Campanella y Carlos Faes

 

C-M: En el medio se formaba también como docente.

JCL: Si. Por ejemplo, había campus de entrenamiento en San Diego, Estados Unidos, e iba. Fue el primero, en el año ochenta. Con Sensei Garcia Mañon, Ulloa, y Juan Kamila. Nosotros cuatro.  Era un campo intensivo organizado por la J.K.A. dictado por los maestros japoneses. Mi maestro me había dicho de ir. Yo iba sin preguntar. A mi Sensei me decía: anda a dar vuelta el auto, y lo hacía.

 

C-M:…el respeto que se estilaba en ese tiempo…

JCL: Recuerdo una vez, era cinturón violeta, tendría quince años. Entrenábamos debajo de la tribuna de Atlanta, el piso era de cemento. Había un ring de boxeo que entrenaban en otro horario… todos descalzos. Había una soga gruesa, como de barco, colgada del techo. Ponele treinta metros, y llegaba hasta un metro del piso. No se para que la usaban. Tenía un gancho en un costado. Terminamos la clase y Sensei me dijo súbase. Llegué bastante alto (risas ). Todos miraban. Llegué hasta donde llegué. De pronto me dice: “¿Que hace ahí arriba?”,Usted me dijo que suba”. “Baja, a ver si te caes”… no dije, este tipo está loco… no… me dio una orden y la cumplí. Decía mañana torneo. Iba… hay que correr, corría… decía: abrí un Karate Studio. Mañana todos a pintar el nuevo dojo. Yo iba. Era el respeto de la época por el Maestro. Ahora, yo tengo muy buena relación con mis alumnos. De mucho cariño. Se que si necesito algo, llamo ahora, y vienen…  por eso habrá sido que fui a competir en el 78… fui a la final con Gonzalo Berrio, colombiano… cuando terminé de pelear, Sensei García Mañon desde atrás, me levantó en el aire. “¿Qué pasó?”, pregunto. “¡Campeón Panamericano!”. Yo no me había dado cuenta… y no había otras categorías… era Shobu-Ippon. Es decir, libre de peso.  Era el mejor de toda América, y no me había dado cuenta… Después sí, me entrenaba para mantenerme en el podio. Eso es lo que también trato de transmitir. Si llegaste al podio, que no sea de casualidad. Si llegas al podio, que no bajes nunca más. En mi caso no me agrandé nunca… seguía aprendiendo, estudiando… perfeccionándome mas… creciendo… el segundo panamericano que gano fue de local, en el ochenta. El tercero en Venezuela. El cuarto en Rio de Janeiro… y ya en toda América me respetaban. En Toronto, previo a los juegos Panamericanos, se hizo otro torneo… uno de los directivos de la Federación Canadiense, que había estado en el setenta y ocho paro el torneo, los hizo formar, y por micrófono dijo: “Hace 37 años fue el ultimo Panamericano que se hizo en Toronto, y en este momento hay tres personas que compitieron ahí”. Estaba Gonzalo Berrio, yo que lo había ganado, hoy presidente del departamento técnico, y Sensei García Mañon, actual Presidente de la Panamericana.  Nos dieron una plaqueta que es hermosa, que la tengo en mi casa. No me lo esperaba, la verdad. Y me cayó muy bien. ¿Son cosas que uno recoge, no? Hay un colombiano que una vez estábamos reunidos en un torneo, y en la mesa, había de todos los países… o en el lobby del Hotel (se corrige)… Edgar Vargas dijo: “La mayoría lo conoce de ahora, por que lo ven trabajando acá. Este  cabron, desde el 78 hasta el 85, en América no le pudo ganar nadie…” Y era verdad… las dos veces que perdí, fueron por infracciones de los otros… no perdí ni en individual, ni por equipos.

 

C-M: ¿Quién era su rival en Argentina?

JCL: Acá he tenido muchas finales con Ulloa… pero somos amigos…rivalidad en serio, en su momento, eran Atlanta-Samurai. Eso era jodido (sic). Picante ese duelo.

 

C-M: ¿Los ochenta fue su mejor época, no?

JCL: Si… hasta el ochenta y ocho… incluyendo el mundial de Egipto. En realidad, para no hablar en este caso, solo de mí,  los ’80 marcaron un punto alto en el Karate argentino de competencia. Alcanzamos podios internacionales, y formamos un grupo que realmente era difícil de vencer. Como te decía, la base del entrenamiento era la actitud. Todo muy mental y no nos interesaba a quien teníamos adelante, ya sea Japón (en esa época el equipo nacional Japonés formaba con Tanaka, Yahara, Mori, Haiakawa, etc., El Coach era el Sensei Asai. Todos unos monstruos. Y nosotros le pelábamos de igual a igual.) De hecho en el mundial de Bremen del ochenta, nos cruzamos con ellos. Nos ganaron pero nuestra actuación fue tal, que una revista japonesa nos hizo una nota de la cual guardo una copia. Fue todo un suceso para la época, donde ellos eran el claro dominador de todas las competencias, tanto en Kumite como en Kata.

De todas formas, creo que actualmente se está viendo un Karate deportivo espectacular. Mucho más físico, pero con mucha variedad de técnicas. Al no haber limites de punto, no hay especulación. Una pelea puede revertirse en un segundo con una técnica de tres puntos, como en la semifinal de “Pancho” Nievas en los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro, que iba perdiendo 4 a 2 con el local, y faltando 4 segundos le metió un Mawashi-Geri Shodan . El resultado fue 5 a 4 a favor de “Panchito”, que accedió a la final con un cubano, y le ganó obteniendo el oro panamericano.

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C-M: ¿Qué significó su papá en su carrera? Por me comentaba que el hecho que su padre falleciera, influyó en su decisión de finalizar su carrera deportiva.

JCL: Me retiré acá de las competencias nacionales en el 87, que fue la última vez que salí campeón argentino. Y mi viejo murió ese año. Mi viejo venia siempre a los torneos. Cuando estaba el equipo de Atlanta, nosotros éramos muy cortados con todo el mundo. Pero muy… éramos un círculo muy cerrado. El capitán del equipo era Sergio Ulloa. La única persona, sobre todo cuando era frente a Samurai, cuando éramos el equipo de cinco, la única persona que venía era mi papá. Se acercaba, y nos daba data de lo que estaba viendo el. Tengo programas de los torneos, antes se hacían programas, con la letra de mi viejo con sus anotaciones de lo que él veía que nos iba a tocar. Y Sergio le preguntaba que veía. Era la única persona fuera del equipo a la que se le permitía opinar. Conmigo era un cortado, pero con los demás, divino. (Risas). Me acuerdo que gané en Canadá, y al otro día lo llamo.

Me atendió mi viejo: “Papá, salí campeón panamericano”, “¿Qué?”, me dice…-” ¡Salí campeón panamericano!”…” ¿Y cómo hiciste?”, me respondió… (Risas). ¡No me olvido más! te repito… no me di cuenta… nunca me traté de subir a ningún caballo. Fui feliz entrenando y compitiendo. Así de simple…

 

Año 1985. La Revista YUDO KARATE organiza la segunda edición del Torneo de los Campeones. Superior al campeonato anterior en cuanto al nivel de los participantes, se presentaban “Germancho” Bermúdez por Kung Fu, Muñoz por Taekwondo, Miguel Sánchez, Miguel Ramos, Gustavo Gondra, Pedro Fattore (Karate), entre otros… y acorde como lo mostraban los organizadores, con Juan Carlos Landaburu como la figura a vencer.   

C-M: ¿No tiene un buen recuerdo del Torneo de los Campeones, no?

JCL: La verdad que no… la gente estaba contra nuestro por ser “los oficiales”. Si hasta se prendió fuego a una tribuna.  Llegué a la final frente a Fattore, y Sensei Delfos González no me marcaba puntos. “Es que si ganabas, no terminaba bien las cosas”, me dijo.

 

C-M: ¿Después de tantos años, que siente que logró en lo humano?

JCL: Me siento respetado como persona. Tengo muy buena relación con todos, y verás que la gente de cualquier arte marcial que me conoce, no habla mal de mí. No soy el típico Sensei que se sube ahí arriba… no necesito eso… Eso es lo que logré, y es mi mayor orgullo.